Sin sorpresas y sin letra pequeña
Cómo funciona una reparación con nosotros
Nada de dejar el equipo y cruzar los dedos. Este es exactamente el recorrido que hace tu iPhone o tu Mac desde que nos escribes hasta que te lo llevas.
El proceso, paso a paso
- 01Nos cuentas qué le pasaPor WhatsApp, por teléfono o pasándote por el taller. Con el modelo, el síntoma y desde cuándo pasa, ya podemos orientarte antes de que te muevas.
- 02Recepción y diagnósticoRegistramos el equipo y hacemos el diagnóstico inicial, que es gratuito: comprobamos el síntoma, probamos carga y encendido y descartamos lo evidente. Si hay que abrir e inspeccionar la placa con microscopio, eso es un diagnóstico a fondo y te decimos qué cuesta antes de empezar.
- 03Presupuesto cerradoTe decimos qué tiene, qué cuesta arreglarlo y cuánto tarda. Tú decides. Si dices que no, te devolvemos el equipo montado.
- 04ReparaciónSustitución del componente o trabajo de microsoldadura, según el caso. Si aparece un daño oculto que cambia el presupuesto, paramos y te llamamos antes de seguir.
- 05PruebasEl equipo se monta y se prueba a fondo: la función reparada y también las que están alrededor, porque una reparación no puede dejar otra cosa peor de como estaba.
- 06Entrega y garantíaTe explicamos qué se ha hecho y te lo llevas con la garantía por escrito. Condiciones en garantía.
Antes de traerlo: cuatro cosas que ayudan
- Haz copia de seguridad si el equipo aún arranca. En las reparaciones habituales no se toca el almacenamiento, pero una copia nunca sobra.
- Si se ha mojado, no lo cargues ni intentes encenderlo. Es lo que más daño hace, porque la corriente sobre una placa húmeda dispara la corrosión.
- Apunta el síntoma exacto y cuándo aparece: en frío, al cargar, al abrir una app concreta. Ese detalle acorta muchísimo el diagnóstico.
- Dinos si ya ha pasado por otro taller. No pasa nada, pero saberlo cambia dónde miramos primero.
Cuánto tarda
Depende de la avería y del recambio, así que damos un plazo concreto junto con el presupuesto y no antes. Como orientación: las reparaciones de módulo (pantalla, batería, conector) son rápidas cuando la pieza está en stock; las de placa base llevan más tiempo, porque lo lento no es soldar sino localizar el fallo.
Si tienes una urgencia real —viaje, entrega de trabajo—, dínoslo al escribir y te decimos con sinceridad si llegamos o no.
¿Qué le pasa a tu aparato?
Busca el síntoma que más se parezca al tuyo, sea de Apple o no: aquí entran también los portátiles Windows y los móviles Android. Te decimos hacia dónde suele apuntar, qué conviene no hacer mientras tanto y qué reparación le corresponde.
38 síntomas
iPhone
No carga, o sólo carga si sujeto el cable en cierta posición
Qué suele ser. La mayoría de las veces el conector está lleno de pelusa compactada y el cable no llega a hacer contacto del todo. Cuando no es eso, suele ser el propio conector desgastado o la línea de carga de la placa, y eso se distingue midiendo, no mirando.
Qué no hacer mientras tanto. No hurgues dentro del conector con una aguja ni con un clip: los contactos son de milímetro y se doblan sin que te des cuenta. Y no fuerces el cable en la posición «que funciona», porque cada vez que lo haces castigas un poco más el pin.
La pantalla está negra pero el móvil suena y vibra
Qué suele ser. Si entran llamadas y sigue notificando, el teléfono está vivo: lo que falla es lo que enseña la imagen. Suele ser el panel o su conector, y a veces la línea de retroiluminación de la placa, que deja la pantalla en negro con el móvil funcionando por debajo.
Qué no hacer mientras tanto. No lo dejes cargando y encendido durante días esperando que vuelva la imagen, y sobre todo no aprietes ni tuerzas el chasis para «hacer contacto»: si es un conector suelto, lo único que consigues es rayar la pantalla y castigar la placa.
Se me ha caído al agua
Qué suele ser. El agua rara vez rompe el iPhone en el momento: lo que hace es empezar a corroer la placa, y el daño avanza durante días. Por eso un móvil que parece que va bien después de mojarse puede fallar dos semanas más tarde.
Qué no hacer mientras tanto. No lo metas en arroz: no seca nada por dentro y encima mete almidón y polvo en los conectores. No lo enciendas ni lo pongas a cargar, que es lo que convierte la humedad en corrosión con corriente, y no lo seques con secador, porque el calor empuja el agua hacia dentro. Apágalo y tráelo cuanto antes.
No da señal de vida: ni pantalla, ni vibración, ni enchufado
Qué suele ser. Un iPhone que ni siquiera reacciona al conectarlo suele tener un problema de alimentación en la placa. Muchas veces no es la batería, sino un componente de la línea de encendido, y hasta que no se mide cuánto consume no se puede decir nada.
Qué no hacer mientras tanto. No lo dejes horas conectado a un cargador rápido a ver si «reacciona»: si hay un cortocircuito, esas horas hacen más daño. Y no lo abras en casa para desconectar la batería, porque en un iPhone ese paso está lleno de flexes que se rompen al primer descuido.
Se queda en el logo de Apple o se reinicia una y otra vez
Qué suele ser. A veces es cosa del sistema y se resuelve reinstalando, pero cuando la reinstalación falla a mitad o el bucle vuelve, casi siempre hay un componente inestable en la placa. En cualquier caso, lo primero es poner a salvo lo que hay dentro.
Qué no hacer mientras tanto. No restaures desde el ordenador antes de haberlo consultado: una restauración borra el contenido y, si el problema es de placa, te quedas sin datos y con la avería intacta.
La batería no llega a media mañana o se apaga con carga de sobra
Qué suele ser. Las baterías de litio envejecen y pierden capacidad, y cuando además se apaga de golpe al 30 % es que ya no puede dar el pico de corriente que le piden. En Ajustes, Batería, Salud de la batería tienes la primera pista.
Qué no hacer mientras tanto. No compres una batería suelta por internet para que te la monten: las que llegan sin el circuito original dan avisos de pieza no genuina y a veces se hinchan al año. Y si ya está hinchada, deja de cargarla y no la lleves en el bolsillo.
Se ha quedado sin cobertura o el Wi-Fi aparece en gris
Qué suele ser. Suele aparecer después de un golpe, de un baño o de una apertura anterior. Puede ser la antena, un flex pinzado o el amplificador de señal de la placa, y poniendo la SIM en otro móvil ya se descarta una parte.
Qué no hacer mientras tanto. No te hagas cinco restauraciones ni cambies de operador buscando el fallo: si el módulo de radio está dañado, ningún ajuste lo va a recuperar y sólo pierdes tiempo, y a veces datos.
Móvil Android
La pantalla está rota, o se ve bien pero no responde al tacto
Qué suele ser. En casi todos los Android de los últimos años el cristal, la capa táctil y el panel son un solo bloque pegado, así que «cambiar el cristal» no existe: se cambia el conjunto. Que la imagen se vea y el táctil no vaya, o al revés, no cambia la pieza, pero sí dice que el teléfono por debajo sigue vivo y que los datos se pueden poner a salvo antes de tocar nada.
Qué no hacer mientras tanto. No sigas usándolo con el cristal astillado ni le pegues un protector encima para ir tirando: al presionar, las esquirlas se meten hacia dentro y cortan el táctil y el sellado. Si ves además una mancha oscura que va creciendo o líneas de color, deja de usarlo, porque eso avanza cada día y se lleva por delante la parte de pantalla que aún se veía. Y haz hoy una copia de las fotos, mientras haya pantalla con la que hacerla.
No carga, o sólo carga si dejo el cable en cierta posición
Qué suele ser. Lo primero que se descarta es lo barato: pelusa prensada al fondo del conector y un cable roto por dentro. Cuando no es ninguna de las dos cosas, el conector está desgastado o la placa ha dejado de gestionar la carga. En unos modelos ese conector va en una plaquita aparte y en otros soldado a la principal, y esa diferencia es la que decide si el trabajo es cambiar un módulo o soldar bajo microscopio.
Qué no hacer mientras tanto. No rasques dentro del conector con una aguja, un clip o un palillo: los contactos son finísimos y, una vez doblados, ya no hay cable que agarre. Y no lo dejes toda la noche cargando en «la postura que funciona», con el cable calzado por un libro: un falso contacto calienta el conector, y ahí al lado está la batería.
Se ha mojado o se me ha caído al agua
Qué suele ser. Que un teléfono aguantara una salpicadura el día que salió de fábrica no dice nada de cómo está su sellado hoy: las juntas se secan y cualquier apertura anterior —un cambio de pantalla, uno de batería— lo deja peor de lo que estaba. Y el agua no rompe de golpe, corroe: el daño sigue avanzando días después, y por eso un móvil que parecía salvado falla dos semanas más tarde.
Qué no hacer mientras tanto. Arroz no: no seca nada por dentro y mete almidón y polvo en los conectores. No lo enciendas para ver si va y, sobre todo, no lo pongas a cargar, porque la humedad con corriente encima corroe mucho más deprisa. Ni secador ni radiador, que el calor empuja el agua hacia el interior. Apágalo, no lo agites y tráelo cuanto antes.
Se queda en el logo de la marca, se reinicia solo o no da señal de vida
Qué suele ser. Detrás de la misma imagen hay dos escenarios muy distintos. Uno es de sistema —una actualización que se quedó a medias, una partición dañada— y el otro es de placa: alimentación que no llega a levantarse, memoria que no responde, un chip que se calienta y corta. Lo primero que se hace es ponerlo en una fuente de laboratorio y mirar cuánta corriente pide: un teléfono que no consume nada y uno que consume de más no tienen el mismo problema.
Qué no hacer mientras tanto. No hagas un restablecimiento de fábrica ni borres nada desde el modo de recuperación para «romper el bucle»: si la avería es de placa te quedas igual, y encima ya no están las fotos. En un Android el almacenamiento va soldado y cifrado contra ese teléfono en concreto, así que lo que se borre ahí no lo devuelve nadie. Y no lo dejes horas en un cargador rápido a ver si reacciona.
iPad
No carga o el conector se ha quedado torcido
Qué suele ser. El conector del iPad va soldado a la placa y sufre mucho: basta con apoyarse una vez sobre el cable para doblar un pin. Otras veces es sólo suciedad prensada dentro, o el cargador, que no da corriente suficiente.
Qué no hacer mientras tanto. No sigas enchufando el cable si notas que entra torcido o hace tope: cada intento se puede llevar por delante una pista de la placa, y entonces la reparación ya no es un cambio de conector.
El cristal está roto y se astilla al tocarlo
Qué suele ser. En la mayoría de los iPad el cristal y el táctil son la misma pieza, y el panel que da imagen va debajo. Que la imagen se vea bien no significa que baste con pulir: si el táctil falla o pierde esquirlas, hay que cambiar el cristal entero.
Qué no hacer mientras tanto. No lo uses con el cristal roto ni le pongas un protector encima «para ir tirando»: las esquirlas se cuelan bajo el marco, cortan y, cuando llegan al panel de debajo, una reparación barata se convierte en una cara.
Se ha caído y ya no enciende
Qué suele ser. En un golpe fuerte lo que cede no suele ser la pantalla, sino los conectores de la placa y el propio chasis, que se dobla y deja de asentar los módulos. El iPad puede parecer entero por fuera y no arrancar.
Qué no hacer mientras tanto. No intentes enderezar el chasis apretándolo tú: la batería va pegada al fondo, es muy fina y se perfora con nada. Y no lo cargues si se ha quedado deformado o abombado.
La pantalla se levanta por un lado
Qué suele ser. Casi siempre es la batería, que se ha hinchado y empuja el panel desde dentro. Es una avería que va a más sola y que acaba rompiendo la pantalla si se deja.
Qué no hacer mientras tanto. No lo cargues, no lo dejes al sol ni dentro del coche y no intentes cerrar la pantalla haciendo presión: una batería de litio hinchada, si se perfora, arde. Guárdalo apagado y en un sitio fresco hasta que lo traigas.
Mac y MacBook
No enciende: ni luz, ni ventilador, ni sonido
Qué suele ser. Un Mac que no da ninguna señal al pulsar el botón casi nunca es «software». Suele ser alimentación: el cargador, la línea de carga o un componente de la placa que impide que arranque la fuente interna.
Qué no hacer mientras tanto. No pruebes cargadores prestados de origen dudoso ni encadenes reseteos durante horas: si hay un cortocircuito, cada intento calienta el mismo punto. Y si además se ha mojado, no lo enciendas.
Se oye arrancar pero la pantalla se queda negra
Qué suele ser. Si suena el ventilador, el teclado se ilumina o responde al sonido de arranque, el ordenador funciona y lo que falla es la imagen: retroiluminación, cable de pantalla o el panel. En algunos MacBook Pro es un cable conocido que se desgasta de abrir y cerrar la tapa.
Qué no hacer mientras tanto. No sigas abriendo y cerrando la tapa para ver «si vuelve»: si el fallo está en el cable de pantalla, cada apertura acerca el momento en que se corta del todo.
He derramado líquido encima
Qué suele ser. El café, la cerveza o el agua con gas son mucho peores que el agua: dejan azúcar y sales que siguen corroyendo la placa durante semanas. La reparación consiste en abrir, limpiar y neutralizar antes de que la corrosión llegue a los chips.
Qué no hacer mientras tanto. No lo enciendas ni lo conectes al cargador para «ver si va», que es lo que quema la placa. No lo pongas boca abajo sobre un radiador ni le des con el secador. Apágalo pulsando el botón hasta que se apague, déjalo abierto y boca abajo y tráelo cuanto antes.
Hay teclas que no responden, se repiten o suenan raro
Qué suele ser. En los MacBook con teclado de mariposa (2015-2019) basta una mota de polvo bajo la tecla. En los modelos posteriores suele ser el módulo o el flex que lo conecta. Si fallan a la vez teclas que están lejos entre sí, eso apunta al controlador.
Qué no hacer mientras tanto. No le eches aire comprimido a lo bruto ni desmontes las teclas con un cuchillo: los clips de esos teclados se rompen en cuanto se fuerzan, y una tecla rota obliga a cambiar más de lo que había que cambiar.
No carga: el cargador no reacciona o el conector se calienta
Qué suele ser. Puede ser el cable (los MagSafe y los USB-C se rompen por dentro), el puerto o la línea de carga de la placa. Que no se encienda ninguna luz no significa que el problema sea del cargador.
Qué no hacer mientras tanto. No sigas usando un cargador que chispea, que se calienta o que tiene el cable pelado, y no cargues por un puerto que se ha quedado flojo o quemado: ahí ya no es sólo el puerto, es lo que hay detrás.
Se apaga solo, o el trackpad ya no hace clic
Qué suele ser. El trackpad que deja de hacer clic es la señal clásica de batería hinchada: la batería va justo debajo y empuja. Que se apague de golpe sin avisar apunta a lo mismo, o a una batería que ya no da corriente.
Qué no hacer mientras tanto. Deja de cargarlo y no lo lleves en la mochila apretado entre libros. Una batería hinchada no se «deshincha» y, perforada, arde: no la pinches ni intentes sacarla haciendo palanca.
Arranca con una carpeta con un interrogante o un signo de prohibido
Qué suele ser. El Mac enciende pero no encuentra un sistema con el que arrancar. Puede ser el disco, el sistema dañado o, en los Mac con el almacenamiento soldado a la placa, un fallo de la propia placa. Aquí lo urgente no es que arranque: son los datos.
Qué no hacer mientras tanto. No reinstales macOS ni uses Utilidad de Discos para «reparar» o borrar el disco: es la forma más rápida de perder para siempre lo que aún se podía recuperar. Apágalo y no lo enciendas más hasta que alguien mire el disco.
Portátil Windows y PC
No enciende: ni luces, ni ventilador, ni nada al pulsar el botón
Qué suele ser. Un portátil que no reacciona al botón con el cargador puesto casi nunca tiene un problema de Windows: tiene un problema de alimentación. Dentro de la placa las tensiones se levantan en cadena, y basta con que una no llegue para que todo quede muerto y sin ninguna pista a la vista. Un controlador de carga en corto, un condensador partido o una pista comida por la humedad dan exactamente esta imagen, y se separan midiendo el consumo en el banco. Es el terreno donde reparar la placa componente a componente cambia el desenlace, porque la respuesta habitual a esto es «placa nueva» o nada.
Qué no hacer mientras tanto. No repitas veinte veces el truco de quitar el cargador y tener el botón pulsado medio minuto: si hay un cortocircuito, cada intento vuelve a calentar el mismo componente y lo que era un punto a reparar se convierte en tres. No pruebes el cargador de otro portátil «porque el conector entra», que ni la tensión ni la negociación son iguales en todos. Y si antes de esto se mojó o se cayó, dilo al traerlo: cambia por dónde se empieza a buscar.
No carga: sólo funciona enchufado, o dice «conectado, no cargando»
Qué suele ser. Ese aviso no dice que la batería esté muerta: dice que el sistema ha decidido no cargarla. Puede ser la batería, el medidor que informa de su estado o el circuito de carga de la placa, y es la avería que más veces se «resuelve» comprando una batería que no hacía ninguna falta. Se aclara comprobando si el cargador está entregando la tensión que le corresponde y si la corriente llega de verdad a entrar.
Qué no hacer mientras tanto. No compres una batería por internet antes de saber si el problema es la batería: si lo que falla es el circuito de carga, la nueva tampoco cargará. No recurras a un cargador universal de puntas intercambiables para salir del paso. Y no te acostumbres a trabajar sólo enchufado durante meses, porque una batería que se queda a cero y se queda ahí sí se degrada de verdad, y es la que luego se hincha.
El conector de carga baila, o alguien ha tropezado con el cable
Qué suele ser. En la mayoría de los portátiles de hoy el conector de carga —el redondo de siempre o un USB-C— va soldado directamente a la placa. Cuando alguien tropieza con el cable, el tirón no se queda en el conector: arranca los pads y las pistas que tiene debajo. Por eso volver a ponerlo no es cambiar una pieza, es soldar bajo microscopio y reconstruir lo que se ha levantado.
Qué no hacer mientras tanto. No lo cargues sujetando el cable con la mano ni calzándolo con un libro «en el ángulo que va bien»: un falso contacto hace chispas diminutas en la propia soldadura, y eso calienta y quema pistas hasta que ya no queda dónde apoyarse. Si el conector se calienta más de la cuenta, huele o se ha quedado suelto en su hueco, desenchúfalo y no lo uses hasta que alguien lo mire.
Se apaga de golpe cuando juego o cuando le pido trabajo
Qué suele ser. Apagarse en seco sólo bajo carga apunta a dos sitios: a la temperatura o a la alimentación. O el equipo llega a su límite térmico y se corta para protegerse, o la etapa que alimenta al procesador y a la gráfica ya no sostiene el pico de corriente que le piden y la tensión se hunde un instante. En los portátiles con gráfica dedicada las dos cosas suelen ir de la mano. Registrar temperaturas y consumo mientras se le exige separa una de otra sin abrir nada.
Qué no hacer mientras tanto. No lo uses sobre la cama, el sofá o las piernas: ahí las rejillas quedan tapadas y el equipo respira su propio aire caliente. No lo dejes trabajando al límite a ver si aguanta, porque cada corte en seco es un riesgo para el sistema de archivos y un día lo que no arranca es Windows. Y no le quites la tapa de abajo ni la dejes suelta para que ventile mejor: sin ella el aire entra por donde no debe y el disipador deja de tirar del calor.
Se calienta mucho, el ventilador no para y va lentísimo
Qué suele ser. Casi siempre hay debajo una refrigeración saturada: la pasta térmica se ha secado y el disipador está tapado por una manta de polvo y pelo que no deja pasar el aire. Cuando el procesador no puede soltar el calor se frena solo para no quemarse, y eso es lo que se nota como lentitud. Menos veces el calor no es la causa sino el efecto: un disco al límite, o algo trabajando de fondo sin que nadie se lo haya pedido.
Qué no hacer mientras tanto. No lo apoyes sobre tela ni lo tapes con nada mientras trabaja. No le sueltes un bote de aire comprimido con el ventilador girando: al girar a la fuerza, el ventilador se comporta como un generador y ese pico puede llevarse la electrónica que lo controla, y además el polvo acaba metido más adentro y no fuera. Y no lo des por resuelto poniendo los ventiladores al máximo con una aplicación: eso silencia el aviso, no destapa el disipador.
Los ventiladores arrancan y las luces se encienden, pero la pantalla se queda negra
Qué suele ser. Si el equipo arranca —ventilador, luz de disco, teclado iluminado—, el fallo está en la cadena que lleva la imagen hasta el panel y no en el encendido. Puede ser la retroiluminación, el cable de pantalla que pasa por la bisagra, el propio panel o la salida de vídeo de la placa. Hay una prueba que no cuesta nada y dice mucho: conectar un monitor externo. Si en el externo hay imagen, el ordenador está sano y el problema vive de la bisagra hacia arriba.
Qué no hacer mientras tanto. No sigas abriendo y cerrando la tapa a ver si vuelve: si lo que está partido es el cable que pasa por la bisagra, cada apertura corta un hilo más y se pasa de una imagen intermitente a ninguna. Y no le des golpecitos al marco ni lo aprietes para «hacer contacto», que es como se raja un panel que todavía servía.
La bisagra va dura y ha levantado la carcasa por una esquina
Qué suele ser. La bisagra va atornillada a unos anclajes de plástico que están dentro de la tapa. Cuando se agarrota, toda la fuerza de abrir el portátil acaba en esos anclajes: se parten y, al partirse, empujan la carcasa desde dentro. Por eso primero se ve una esquina levantada, después el marco abierto y al final el cable de pantalla pinzado o el panel partido. Arreglarlo bien no es apretar el tornillo, es reconstruir el anclaje para que vuelva a haber dónde agarrar.
Qué no hacer mientras tanto. No sigas abriéndolo y cerrándolo con cuidado esperando que aguante: cada apertura tira un poco más de lo que ya está roto, y el paso siguiente sale mucho más caro. No lo cierres a la fuerza ni lo lleves en la mochila con la tapa a medio cerrar. Y no lo pegues con pegamento rápido: el cianoacrilato deja el plástico quebradizo y luego no queda material sano donde anclar la reconstrucción.
El teclado o el touchpad han dejado de responder
Qué suele ser. Si fallan teclas sueltas, el sospechoso es el propio teclado: restos de bebida secos por debajo, una membrana perforada, contactos gastados. Si deja de responder entero y de golpe, o se cae a la vez que el touchpad, hay que mirar más abajo: los dos cuelgan de conectores planos con pestaña en la placa, que se sueltan con un golpe o con años de calor, y detrás está el controlador que los gestiona. Un teclado USB de prueba aclara mucho: si por USB va todo perfecto, el ordenador está bien y lo que falla es la entrada interna.
Qué no hacer mientras tanto. No tires del cable plano ni lo vuelvas a meter sin abrir la pestaña del conector: son láminas de décimas de milímetro que se parten en cuanto se doblan, y entonces ya no es el teclado, es la placa. No arranques las teclas con un cuchillo para limpiar por debajo, que los clips no vuelven a su sitio. Y si dejó de responder justo después de un vaso de algo, no lo enciendas: eso es líquido, no teclado.
He derramado un vaso encima del portátil
Qué suele ser. En un portátil el teclado es la tapa: lo que se derrama entra entre las teclas y cae directamente sobre la placa, que está justo debajo. El agua es lo menos malo; el café con azúcar, la cerveza, el refresco o el caldo dejan sales y azúcares que siguen comiéndose las pistas semanas después, con el equipo apagado y guardado. El trabajo es abrir cuanto antes, desconectar la batería, limpiar la placa a fondo y reconstruir lo que la corrosión ya se haya llevado.
Qué no hacer mientras tanto. No lo enciendas para ver si sigue funcionando, que es justo lo que quema la placa. Mantén el botón pulsado hasta que se apague del todo, quítale el cargador y déjalo abierto y boca abajo sobre una toalla. Ni secador, ni radiador, ni horno: el calor empuja el líquido hacia dentro, y el azúcar caramelizado sobre los chips todavía es peor. Y no esperes unos días a que se seque, porque lo que corre esos días es la corrosión.
El disco ya no aparece y dentro están mis fotos y mis documentos
Qué suele ser. Un disco que deja de montar puede tener un fallo lógico —una tabla de particiones dañada tras un apagón, un sistema de archivos que se rompió a media escritura— o uno físico: la electrónica del SSD, celdas agotadas, la mecánica de un disco de platos. Aquí el PC juega a favor, porque el almacenamiento casi siempre va en un módulo aparte y se puede sacar y trabajar fuera del equipo averiado en vez de depender de que arranque. Y lo urgente no es que vuelva el sistema, es lo que hay dentro.
Qué no hacer mientras tanto. No aceptes la reparación automática que ofrece el sistema al arrancar ni lances una comprobación de disco a ver si lo arregla: las dos escriben sobre la unidad y, si debajo hay un fallo físico, escriben justo encima de lo que se podía recuperar. Si te pide formatear, di que no. No instales programas de recuperación en el mismo disco del que quieres recuperar. Y si es un disco de platos y hace clics, desconéctalo y no lo vuelvas a enchufar.
Apple Watch
La pantalla se ha levantado por un borde
Qué suele ser. Casi siempre es la batería hinchada empujando el cristal desde dentro. En algunos modelos Apple lo reconoció como defecto, pero fuera de garantía la reparación es sustituir la batería y volver a sellar el reloj.
Qué no hacer mientras tanto. No lo cargues ni lo lleves a la ducha o a la piscina con la pantalla levantada: el sellado ya no existe y el agua entra directa a la electrónica. Y no intentes cerrarla apretando.
No carga: no aparece el rayo al ponerlo en la base
Qué suele ser. Suele ser el cargador o suciedad entre la base y la tapa trasera, pero también puede ser la bobina de carga o una batería que ya no admite carga. Con otro cargador y la tapa limpia se descarta la mitad de los casos.
Qué no hacer mientras tanto. No lo dejes toda la noche en una base que ya sabes que no carga, y no lo pongas a cargar con la correa mojada o con restos de crema y sudor en la tapa: de ahí sale corrosión en los contactos.
El cristal se ha roto de un golpe
Qué suele ser. En el Apple Watch el cristal, el táctil y el panel suelen ir pegados en un solo bloque, y además el reloj está sellado contra el agua. Se puede cambiar, pero el sellado hay que rehacerlo: no es pegar un cristal.
Qué no hacer mientras tanto. No lo metas en el agua ni lo lleves a nadar hasta que esté reparado, y no le pongas cinta adhesiva encima: el adhesivo se cuela por la grieta y complica la reparación.
Discos y datos
El disco externo hace clics o pitidos
Qué suele ser. Ese clic repetido es el brazo de lectura de un disco mecánico intentando posicionarse y no consiguiéndolo. Es un fallo físico: cada minuto encendido puede estar rayando los platos donde están los datos.
Qué no hacer mientras tanto. No lo enchufes «una vez más» a ver si ahora sí monta, no lo metas en el congelador (ese truco de foro destruye discos) y no le des golpes. Desconéctalo y no lo vuelvas a conectar: cuantas menos vueltas dé, más se puede recuperar.
He borrado o formateado algo sin querer
Qué suele ser. Borrar no suele destruir los datos al instante: marca el espacio como libre. Mientras nadie escriba encima hay muchas posibilidades de recuperarlos; en cuanto se escribe, esas posibilidades caen en picado.
Qué no hacer mientras tanto. No sigas usando ese disco ni ese ordenador, no instales programas de recuperación «gratis» en la unidad afectada (se instalan justo encima de lo que quieres recuperar) y no hagas una copia de seguridad hacia ese disco.
Al conectarlo me pide formatearlo
Qué suele ser. El Mac ve el disco pero no entiende su tabla de particiones ni su sistema de archivos. Muchas veces los datos siguen ahí enteros y lo que está dañado es sólo el índice; otras veces hay un fallo físico detrás.
Qué no hacer mientras tanto. No le des a «Inicializar» ni a «Borrar», por muy insistente que sea el aviso: es exactamente lo que pide el sistema y exactamente lo que no hay que hacer. Expúlsalo y desconéctalo.
No encontramos ese síntoma en la lista. Cuéntanoslo con tus palabras y te contestamos.
Contarlo por WhatsAppEsto es una orientación a partir del síntoma, no un diagnóstico: hasta que no se abre el equipo y se mide, nadie puede asegurarte qué tiene. El diagnóstico inicial es gratuito y el presupuesto se cierra antes de tocar nada.
Preguntas frecuentes
¿Tengo que dejar el equipo?
Para el diagnóstico normalmente sí, porque hay que comprobarlo con calma y a veces abrirlo. Te decimos al recibirlo cuánto esperamos tardar en darte el presupuesto.
¿Me avisáis antes de reparar?
Siempre. Nunca se repara nada sin que hayas aceptado el presupuesto, y si al abrirlo aparece algo distinto, paramos y te llamamos.
¿Y si no se puede reparar?
Te lo decimos claro y te devolvemos el equipo. Si hay datos importantes dentro, valoramos si se pueden rescatar con nuestro servicio de recuperación de datos.
¿Te lo miramos?
Cuéntanos qué le pasa y te decimos qué tiene, qué cuesta y cuánto tarda. Sin compromiso, y el diagnóstico inicial es gratuito.
4,6 sobre 5 · 138 reseñas en GoogleCarrer de Fontanella, 14, bajos · 08010 Barcelona — pásate por Fontanella 14, junto a Plaça Catalunya