Mismo laboratorio, mismo microscopio
Reparamos PC, portátiles Windows y Android porque sabemos reparar lo más difícil
Somos un taller Apple, y lo que hacemos dentro de Apple es lo más exigente que tiene este oficio: reparar la placa base componente a componente. Un portátil Windows o un móvil Android se trabajan en ese mismo banco, con el mismo microscopio y la misma estación de soldadura.

Empezamos por lo más difícil, no por lo más fácil
Reparar una placa de producto Apple a nivel de componente es, con diferencia, el trabajo más exigente que hay en esto. Las placas son densas, muchos componentes miden menos de un milímetro, los planos no se publican y cada generación cambia media lección aprendida en la anterior. Ese es el terreno en el que estamos desde 2015.
Y cuando alguien mide líneas de alimentación con microscopio todos los días, lo demás no es un salto: es un escalón hacia abajo. Esa es toda la idea de esta página. No hacemos ordenadores «además de» Apple; los hacemos precisamente porque hacemos Apple.
Qué hace Apple hoy, y qué sigue sin hacer
Conviene decirlo bien, porque el discurso de hace unos años ya no se sostiene: Apple ha abierto la sustitución de piezas. Desde 2022 vende recambios originales y manuales a cualquier particular a través de su programa de autorreparación, que en 2025 cubría ya unos 65 productos y ha seguido creciendo. El emparejamiento de piezas, que durante años capaba funciones al montar un recambio que no venía de Apple, también se ha relajado: la propia Apple se comprometió a no desactivar piezas de terceros equivalentes —sólo lo biométrico, Face ID y Touch ID, sigue atado al equipo de origen— y desde macOS Tahoe, en septiembre de 2025, el Mac trae de serie un asistente que calibra piezas usadas y ya sustituidas.
Detrás de ese giro hay leyes, no un cambio de opinión. Oregón fue la primera en prohibir expresamente el emparejamiento de piezas: su norma está en vigor desde enero de 2025 y alcanza a los aparatos puestos a la venta a partir de esa fecha. Colorado llegó después, en enero de 2026, y la suya alcanza además a los aparatos fabricados desde 2021.
Lo que Apple no hace, y nada apunta a que vaya a hacer, es reparación a nivel de componente. Lo que vende su programa son conjuntos completos, a veces más grandes de lo que uno esperaría: en el MacBook Pro la batería no se vende suelta, sino junto al teclado y el chasis entero. La propia tienda de piezas de Apple anota que una batería por separado llegará «en el futuro». Lo que no aparece en ese catálogo, en cambio, es ni un solo circuito integrado: ni el controlador de puerto que falla cuando un portátil deja de cargar, ni el chip de alimentación soldado en la placa. Tampoco el plano que dice qué tensión debería haber en cada punto. Esa frontera —conjunto frente a componente— es exactamente donde empieza nuestro trabajo, y es también el fondo del asunto: lo hemos escrito aparte en el derecho a reparar.
Y por qué cambiar la placa, en un Mac moderno, se lleva los datos
Sustituir una placa entera no es sólo caro. En los Mac con chip T2 y en todos los de chip Apple, el almacenamiento está cifrado contra ese chip concreto: la clave nace dentro de él y no sale de ahí ni para Apple. En los portátiles, además, el SSD va soldado a esa misma placa. La consecuencia la escribe la propia documentación de seguridad de Apple: si el almacenamiento se separa de su equipo, los ficheros son inaccesibles.
Traducido a lo que pasa en el mostrador: cambiar la placa devuelve un ordenador que funciona y está vacío. Las fotos, los documentos y el correo que no estuvieran en otro sitio se quedan dentro del chip viejo, cifrados y sin llave.
- Casi nadie tiene una copia completa. iCloud regala 5 GB, que hoy no dan ni para las fotos de un año: la copia automática se llena, avisa un par de veces y se deja de mirar.
- El aviso siempre llega tarde. Nadie piensa en la copia el día que el equipo aún arranca. Se piensa el día que ya no arranca, que es justo cuando ya no se puede hacer.
- Reparar la placa original es la única vía. Si lo que importa son los datos, el objetivo del trabajo cambia entero: no se busca dejar el equipo perfecto, sino que arranque lo justo para sacarlos. Eso es recuperación de datos, y es el mismo oficio.
Un portátil Windows o un Android no son otra liga
Aquí encaja todo lo anterior. Una placa de portátil Windows y una de MacBook no se parecen en el dibujo, pero se estropean por las mismas razones y se miden con los mismos instrumentos: una línea de alimentación caída, un condensador en corto, un chip de carga que se lleva por delante un pico de tensión, una pista comida por un vaso de agua. El microscopio, el precalentador, la fuente de laboratorio con control de corriente y el hilo de cobre esmaltado son los mismos, y el método de buscar el fallo también. La microsoldadura no entiende de marcas.
Si acaso, suele ser trabajo más agradecido: en un portátil de PC hay más espacio entre componentes, los esquemas circulan con menos secretismo y el almacenamiento va casi siempre en un módulo aparte, así que el escenario de «o se repara la placa o se pierden los datos» aparece mucho menos. Cómo se trabaja una placa, paso a paso y con las herramientas delante, está contado en microsoldadura y placa base.
Qué podemos mirar en un ordenador o en un Android
Hablamos de capacidades y no de un listado de marcas, porque lo que decide si una avería tiene arreglo es dónde está el fallo, no qué logotipo lleva la tapa. Estas se aplican igual en un sobremesa, en un portátil Windows o en un móvil Android:
- Placa base a nivel de componente. No enciende, se reinicia solo o consume corriente sin llegar a arrancar. Se mide hasta localizar el punto exacto y se sustituye o se reconstruye ese punto, no la placa entera.
- Alimentación y carga. No carga con ningún cargador, sólo funciona enchufado o la batería nunca termina de completarse. El fallo suele estar en el circuito de carga, no en la batería que casi todo el mundo cambia primero.
- Conector de carga. En buena parte de los equipos actuales va soldado a la placa, así que sustituirlo sin levantar pads ya es microsoldadura y no un recambio.
- Imagen y pantalla. Separar un panel roto de una retroiluminación caída o de una línea de vídeo dañada es lo que evita pagar una pantalla que no hacía ninguna falta.
- Daños por líquido. El agua no rompe, corroe. Limpieza de la placa, reconstrucción de lo que la corrosión se ha comido y sustitución de lo que ya no vuelve.
- Rescate de los datos. Cuando lo que importa no es el aparato sino lo que hay dentro, se empieza por ahí y el resto se decide después.
Sí, el tuyo también
Si tienes un problema con tu ordenador o con tu móvil Android, tráenoslo: lo miramos con mucho gusto. Por este banco de trabajo han pasado ya más de 2.300 equipos, y buena parte llegaron después de que alguien les dijera que no tenían arreglo.
Somos especialistas en Apple y no lo vamos a disimular. Pero es justamente por eso que el resto se nos hace fácil: quien mide líneas de alimentación en una placa de iPhone todos los días no se encuentra nada nuevo dentro de una torre o de un portátil Windows. Y se trabaja con el mismo criterio y el mismo listón: aquí un PC no es un encargo de segunda. Si lo que tienes entre manos no es un equipo sino la flota de una oficina, eso lo contamos aparte en servicio técnico para empresas.
Estos son los equipos que entran por la puerta:
- PC de sobremesa — la torre de casa o la de la oficina
- Portátil Windows — de cualquier marca
- Portátil gaming — los que se apagan solos por temperatura son un clásico
- Móvil o tablet Android — pantalla, carga, agua, placa
- Otra cosa — pregúntanos igualmente; si no es para nosotros, te lo decimos
Cuéntanos qué le pasa y lo vemos
Lo que no vas a encontrar aquí es una lista cerrada de marcas y modelos, y no es por falta de ganas: el recambio de un portátil poco común a veces sencillamente no existe, y preferimos verlo antes que prometerlo.
Cuéntanos qué equipo es y qué le pasa, lo miramos y te decimos con qué nos hemos encontrado. El diagnóstico inicial es gratuito, el presupuesto se cierra antes de tocar nada y la reparación sale con los mismos 12 meses de garantía por escrito que cualquier otra que hacemos: las condiciones, en garantía.
¿Qué le pasa a tu aparato?
Busca el síntoma que más se parezca al tuyo, sea de Apple o no: aquí entran también los portátiles Windows y los móviles Android. Te decimos hacia dónde suele apuntar, qué conviene no hacer mientras tanto y qué reparación le corresponde.
14 síntomas
Móvil Android
La pantalla está rota, o se ve bien pero no responde al tacto
Qué suele ser. En casi todos los Android de los últimos años el cristal, la capa táctil y el panel son un solo bloque pegado, así que «cambiar el cristal» no existe: se cambia el conjunto. Que la imagen se vea y el táctil no vaya, o al revés, no cambia la pieza, pero sí dice que el teléfono por debajo sigue vivo y que los datos se pueden poner a salvo antes de tocar nada.
Qué no hacer mientras tanto. No sigas usándolo con el cristal astillado ni le pegues un protector encima para ir tirando: al presionar, las esquirlas se meten hacia dentro y cortan el táctil y el sellado. Si ves además una mancha oscura que va creciendo o líneas de color, deja de usarlo, porque eso avanza cada día y se lleva por delante la parte de pantalla que aún se veía. Y haz hoy una copia de las fotos, mientras haya pantalla con la que hacerla.
No carga, o sólo carga si dejo el cable en cierta posición
Qué suele ser. Lo primero que se descarta es lo barato: pelusa prensada al fondo del conector y un cable roto por dentro. Cuando no es ninguna de las dos cosas, el conector está desgastado o la placa ha dejado de gestionar la carga. En unos modelos ese conector va en una plaquita aparte y en otros soldado a la principal, y esa diferencia es la que decide si el trabajo es cambiar un módulo o soldar bajo microscopio.
Qué no hacer mientras tanto. No rasques dentro del conector con una aguja, un clip o un palillo: los contactos son finísimos y, una vez doblados, ya no hay cable que agarre. Y no lo dejes toda la noche cargando en «la postura que funciona», con el cable calzado por un libro: un falso contacto calienta el conector, y ahí al lado está la batería.
Se ha mojado o se me ha caído al agua
Qué suele ser. Que un teléfono aguantara una salpicadura el día que salió de fábrica no dice nada de cómo está su sellado hoy: las juntas se secan y cualquier apertura anterior —un cambio de pantalla, uno de batería— lo deja peor de lo que estaba. Y el agua no rompe de golpe, corroe: el daño sigue avanzando días después, y por eso un móvil que parecía salvado falla dos semanas más tarde.
Qué no hacer mientras tanto. Arroz no: no seca nada por dentro y mete almidón y polvo en los conectores. No lo enciendas para ver si va y, sobre todo, no lo pongas a cargar, porque la humedad con corriente encima corroe mucho más deprisa. Ni secador ni radiador, que el calor empuja el agua hacia el interior. Apágalo, no lo agites y tráelo cuanto antes.
Se queda en el logo de la marca, se reinicia solo o no da señal de vida
Qué suele ser. Detrás de la misma imagen hay dos escenarios muy distintos. Uno es de sistema —una actualización que se quedó a medias, una partición dañada— y el otro es de placa: alimentación que no llega a levantarse, memoria que no responde, un chip que se calienta y corta. Lo primero que se hace es ponerlo en una fuente de laboratorio y mirar cuánta corriente pide: un teléfono que no consume nada y uno que consume de más no tienen el mismo problema.
Qué no hacer mientras tanto. No hagas un restablecimiento de fábrica ni borres nada desde el modo de recuperación para «romper el bucle»: si la avería es de placa te quedas igual, y encima ya no están las fotos. En un Android el almacenamiento va soldado y cifrado contra ese teléfono en concreto, así que lo que se borre ahí no lo devuelve nadie. Y no lo dejes horas en un cargador rápido a ver si reacciona.
Portátil Windows y PC
No enciende: ni luces, ni ventilador, ni nada al pulsar el botón
Qué suele ser. Un portátil que no reacciona al botón con el cargador puesto casi nunca tiene un problema de Windows: tiene un problema de alimentación. Dentro de la placa las tensiones se levantan en cadena, y basta con que una no llegue para que todo quede muerto y sin ninguna pista a la vista. Un controlador de carga en corto, un condensador partido o una pista comida por la humedad dan exactamente esta imagen, y se separan midiendo el consumo en el banco. Es el terreno donde reparar la placa componente a componente cambia el desenlace, porque la respuesta habitual a esto es «placa nueva» o nada.
Qué no hacer mientras tanto. No repitas veinte veces el truco de quitar el cargador y tener el botón pulsado medio minuto: si hay un cortocircuito, cada intento vuelve a calentar el mismo componente y lo que era un punto a reparar se convierte en tres. No pruebes el cargador de otro portátil «porque el conector entra», que ni la tensión ni la negociación son iguales en todos. Y si antes de esto se mojó o se cayó, dilo al traerlo: cambia por dónde se empieza a buscar.
No carga: sólo funciona enchufado, o dice «conectado, no cargando»
Qué suele ser. Ese aviso no dice que la batería esté muerta: dice que el sistema ha decidido no cargarla. Puede ser la batería, el medidor que informa de su estado o el circuito de carga de la placa, y es la avería que más veces se «resuelve» comprando una batería que no hacía ninguna falta. Se aclara comprobando si el cargador está entregando la tensión que le corresponde y si la corriente llega de verdad a entrar.
Qué no hacer mientras tanto. No compres una batería por internet antes de saber si el problema es la batería: si lo que falla es el circuito de carga, la nueva tampoco cargará. No recurras a un cargador universal de puntas intercambiables para salir del paso. Y no te acostumbres a trabajar sólo enchufado durante meses, porque una batería que se queda a cero y se queda ahí sí se degrada de verdad, y es la que luego se hincha.
El conector de carga baila, o alguien ha tropezado con el cable
Qué suele ser. En la mayoría de los portátiles de hoy el conector de carga —el redondo de siempre o un USB-C— va soldado directamente a la placa. Cuando alguien tropieza con el cable, el tirón no se queda en el conector: arranca los pads y las pistas que tiene debajo. Por eso volver a ponerlo no es cambiar una pieza, es soldar bajo microscopio y reconstruir lo que se ha levantado.
Qué no hacer mientras tanto. No lo cargues sujetando el cable con la mano ni calzándolo con un libro «en el ángulo que va bien»: un falso contacto hace chispas diminutas en la propia soldadura, y eso calienta y quema pistas hasta que ya no queda dónde apoyarse. Si el conector se calienta más de la cuenta, huele o se ha quedado suelto en su hueco, desenchúfalo y no lo uses hasta que alguien lo mire.
Se apaga de golpe cuando juego o cuando le pido trabajo
Qué suele ser. Apagarse en seco sólo bajo carga apunta a dos sitios: a la temperatura o a la alimentación. O el equipo llega a su límite térmico y se corta para protegerse, o la etapa que alimenta al procesador y a la gráfica ya no sostiene el pico de corriente que le piden y la tensión se hunde un instante. En los portátiles con gráfica dedicada las dos cosas suelen ir de la mano. Registrar temperaturas y consumo mientras se le exige separa una de otra sin abrir nada.
Qué no hacer mientras tanto. No lo uses sobre la cama, el sofá o las piernas: ahí las rejillas quedan tapadas y el equipo respira su propio aire caliente. No lo dejes trabajando al límite a ver si aguanta, porque cada corte en seco es un riesgo para el sistema de archivos y un día lo que no arranca es Windows. Y no le quites la tapa de abajo ni la dejes suelta para que ventile mejor: sin ella el aire entra por donde no debe y el disipador deja de tirar del calor.
Se calienta mucho, el ventilador no para y va lentísimo
Qué suele ser. Casi siempre hay debajo una refrigeración saturada: la pasta térmica se ha secado y el disipador está tapado por una manta de polvo y pelo que no deja pasar el aire. Cuando el procesador no puede soltar el calor se frena solo para no quemarse, y eso es lo que se nota como lentitud. Menos veces el calor no es la causa sino el efecto: un disco al límite, o algo trabajando de fondo sin que nadie se lo haya pedido.
Qué no hacer mientras tanto. No lo apoyes sobre tela ni lo tapes con nada mientras trabaja. No le sueltes un bote de aire comprimido con el ventilador girando: al girar a la fuerza, el ventilador se comporta como un generador y ese pico puede llevarse la electrónica que lo controla, y además el polvo acaba metido más adentro y no fuera. Y no lo des por resuelto poniendo los ventiladores al máximo con una aplicación: eso silencia el aviso, no destapa el disipador.
Los ventiladores arrancan y las luces se encienden, pero la pantalla se queda negra
Qué suele ser. Si el equipo arranca —ventilador, luz de disco, teclado iluminado—, el fallo está en la cadena que lleva la imagen hasta el panel y no en el encendido. Puede ser la retroiluminación, el cable de pantalla que pasa por la bisagra, el propio panel o la salida de vídeo de la placa. Hay una prueba que no cuesta nada y dice mucho: conectar un monitor externo. Si en el externo hay imagen, el ordenador está sano y el problema vive de la bisagra hacia arriba.
Qué no hacer mientras tanto. No sigas abriendo y cerrando la tapa a ver si vuelve: si lo que está partido es el cable que pasa por la bisagra, cada apertura corta un hilo más y se pasa de una imagen intermitente a ninguna. Y no le des golpecitos al marco ni lo aprietes para «hacer contacto», que es como se raja un panel que todavía servía.
La bisagra va dura y ha levantado la carcasa por una esquina
Qué suele ser. La bisagra va atornillada a unos anclajes de plástico que están dentro de la tapa. Cuando se agarrota, toda la fuerza de abrir el portátil acaba en esos anclajes: se parten y, al partirse, empujan la carcasa desde dentro. Por eso primero se ve una esquina levantada, después el marco abierto y al final el cable de pantalla pinzado o el panel partido. Arreglarlo bien no es apretar el tornillo, es reconstruir el anclaje para que vuelva a haber dónde agarrar.
Qué no hacer mientras tanto. No sigas abriéndolo y cerrándolo con cuidado esperando que aguante: cada apertura tira un poco más de lo que ya está roto, y el paso siguiente sale mucho más caro. No lo cierres a la fuerza ni lo lleves en la mochila con la tapa a medio cerrar. Y no lo pegues con pegamento rápido: el cianoacrilato deja el plástico quebradizo y luego no queda material sano donde anclar la reconstrucción.
El teclado o el touchpad han dejado de responder
Qué suele ser. Si fallan teclas sueltas, el sospechoso es el propio teclado: restos de bebida secos por debajo, una membrana perforada, contactos gastados. Si deja de responder entero y de golpe, o se cae a la vez que el touchpad, hay que mirar más abajo: los dos cuelgan de conectores planos con pestaña en la placa, que se sueltan con un golpe o con años de calor, y detrás está el controlador que los gestiona. Un teclado USB de prueba aclara mucho: si por USB va todo perfecto, el ordenador está bien y lo que falla es la entrada interna.
Qué no hacer mientras tanto. No tires del cable plano ni lo vuelvas a meter sin abrir la pestaña del conector: son láminas de décimas de milímetro que se parten en cuanto se doblan, y entonces ya no es el teclado, es la placa. No arranques las teclas con un cuchillo para limpiar por debajo, que los clips no vuelven a su sitio. Y si dejó de responder justo después de un vaso de algo, no lo enciendas: eso es líquido, no teclado.
He derramado un vaso encima del portátil
Qué suele ser. En un portátil el teclado es la tapa: lo que se derrama entra entre las teclas y cae directamente sobre la placa, que está justo debajo. El agua es lo menos malo; el café con azúcar, la cerveza, el refresco o el caldo dejan sales y azúcares que siguen comiéndose las pistas semanas después, con el equipo apagado y guardado. El trabajo es abrir cuanto antes, desconectar la batería, limpiar la placa a fondo y reconstruir lo que la corrosión ya se haya llevado.
Qué no hacer mientras tanto. No lo enciendas para ver si sigue funcionando, que es justo lo que quema la placa. Mantén el botón pulsado hasta que se apague del todo, quítale el cargador y déjalo abierto y boca abajo sobre una toalla. Ni secador, ni radiador, ni horno: el calor empuja el líquido hacia dentro, y el azúcar caramelizado sobre los chips todavía es peor. Y no esperes unos días a que se seque, porque lo que corre esos días es la corrosión.
El disco ya no aparece y dentro están mis fotos y mis documentos
Qué suele ser. Un disco que deja de montar puede tener un fallo lógico —una tabla de particiones dañada tras un apagón, un sistema de archivos que se rompió a media escritura— o uno físico: la electrónica del SSD, celdas agotadas, la mecánica de un disco de platos. Aquí el PC juega a favor, porque el almacenamiento casi siempre va en un módulo aparte y se puede sacar y trabajar fuera del equipo averiado en vez de depender de que arranque. Y lo urgente no es que vuelva el sistema, es lo que hay dentro.
Qué no hacer mientras tanto. No aceptes la reparación automática que ofrece el sistema al arrancar ni lances una comprobación de disco a ver si lo arregla: las dos escriben sobre la unidad y, si debajo hay un fallo físico, escriben justo encima de lo que se podía recuperar. Si te pide formatear, di que no. No instales programas de recuperación en el mismo disco del que quieres recuperar. Y si es un disco de platos y hace clics, desconéctalo y no lo vuelvas a enchufar.
No encontramos ese síntoma en la lista. Cuéntanoslo con tus palabras y te contestamos.
Contarlo por WhatsAppEsto es una orientación a partir del síntoma, no un diagnóstico: hasta que no se abre el equipo y se mide, nadie puede asegurarte qué tiene. El diagnóstico inicial es gratuito y el presupuesto se cierra antes de tocar nada.
Preguntas frecuentes
¿Entonces reparáis Apple o reparáis de todo?
Apple es lo que hacemos todos los días y donde tenemos el criterio acumulado; no vamos a fingir que somos un taller genérico. Lo que pasa es que la técnica que exige una placa de iPhone sirve tal cual para la de un portátil Windows o la de un móvil Android, así que esos equipos entran por la misma puerta y se trabajan en el mismo banco.
¿Por qué esto no está en el catálogo de servicios?
Porque describiría mal lo que somos. Un servicio técnico especializado en Apple que también hace trabajo de placa en otros equipos es una cosa; un taller que lo repara todo es otra, y no es la nuestra. Los seis servicios del catálogo son los de producto Apple, y esto tiene página propia: nos parece más honesto explicarlo así que diluir el catálogo.
¿Merece la pena reparar un portátil Windows que ya tiene años?
Depende de qué falle y de lo que valga el equipo hoy. Si la avería está localizada —un chip de carga, un conector, una línea de alimentación caída— suele compensar de largo frente a comprar otro. Si el equipo ya no recibe actualizaciones y necesita varias cosas a la vez, te lo diremos aunque signifique perder la reparación.
Mi PC no arranca y lo que quiero es sacar los datos, ¿podéis?
Dilo nada más entrar, porque cambia el orden del trabajo entero. En un ordenador con el disco en un módulo aparte suele ser lo más sencillo del día. Si el almacenamiento va soldado y cifrado contra la placa, hay que devolver esa placa a un estado funcional primero, que es exactamente el mismo trabajo que hacemos con un Mac.
¿Te lo miramos?
Cuéntanos qué le pasa y te decimos qué tiene, qué cuesta y cuánto tarda. Sin compromiso, y el diagnóstico inicial es gratuito.
4,6 sobre 5 · 138 reseñas en GoogleCarrer de Fontanella, 14, bajos · 08010 Barcelona — pásate por Fontanella 14, junto a Plaça Catalunya