Si estás leyendo esto con el disco enchufado y sonando, para. Desenchúfalo. Lee después.
No es dramatismo: en un disco que hace clic, el tiempo que pasa encendido se mide en daño
acumulado.
1. Qué es exactamente ese clic
Dentro de un disco duro mecánico hay uno o varios platos girando a miles de vueltas por
minuto y un brazo con los cabezales de lectura, que no tocan la superficie: flotan
sobre un colchón de aire a una distancia de nanómetros. Es una separación absurdamente
pequeña; un cabello humano es miles de veces más grueso.
Grabadas entre los datos hay unas marcas de referencia que le dicen al cabezal dónde está
en cada instante. Cuando el cabezal está dañado, desalineado o la superficie bajo él ya no
es legible, esas referencias no aparecen. Y el disco hace lo único que sabe hacer:
retira el brazo hasta el tope mecánico, se recalibra y vuelve a intentarlo.
Ese golpe del brazo contra su tope, repetido cada segundo o dos, es el clic que oyes. Le
llaman el clic de la muerte y el nombre está bien puesto, porque no describe un error de
lectura: describe un fallo mecánico. No hay software en el mundo que arregle una pieza
doblada.
2. La primera regla: apágalo y no lo vuelvas a enchufar
Aquí está todo lo importante del artículo.
Un cabezal tocado o mal apoyado ya no flota como debería. Cada vez que enciendes el disco,
ese cabezal baja sobre un plato girando a toda velocidad y raya la superficie. La
viruta microscópica que arranca queda dentro de la carcasa, se reparte y raya más. Un
disco que hoy podría devolver casi todo lo que tienes dentro, tras una tarde de intentos
puede no devolver nada.
Por eso la frase que más repetimos es la más difícil de aceptar: deja de intentarlo.
Cada arranque, cada «voy a probar otra vez a ver si esta vez sí», cada hora conectado, es
material que se pierde para siempre.
La única excepción que merece un intento: si el disco es externo, se alimenta por USB y
el clic empezó justo al cambiar de cable, de puerto o de concentrador, puede ser
simplemente falta de corriente para arrancar el motor. Pruébalo una vez con un cable bueno
y una fuente de alimentación decente. Si sigue haciendo clic, se acabó: desenchufa y no
insistas.
3. Por qué el software de recuperación es aquí lo peor que puedes usar
Los programas que salen anunciados en cuanto buscas «recuperar disco duro» no son una
estafa. El problema es que están pensados para otra cosa.
Ese software hace exactamente lo contrario de lo que necesita un disco con daño físico:
mantiene la unidad girando durante horas y fuerza reintentos una y otra vez sobre
los sectores que fallan, que son justo la zona donde el cabezal está sufriendo. Es un
maratón para un paciente con una pierna rota.
Y sin embargo sí sirve, y mucho, en el otro escenario:
- El disco suena normal y gira sin ruidos raros. Borraste una carpeta, formateaste sin
querer, la tabla de particiones se rompió, el sistema te pide inicializar la unidad.
- Ahí el daño es lógico: los datos siguen escritos y lo que falla es el índice que los
encuentra.
La diferencia práctica es sencilla. Si suena raro, no toques nada. Si suena normal, hay
margen —aunque incluso entonces conviene trabajar sobre una copia y no sobre el
original, sobre todo si lo que hay dentro es irremplazable.
4. Los mitos que siguen circulando
El congelador. Viene de discos de los años ochenta y noventa con problemas de
dilatación muy concretos. Aplicado a un disco actual sólo consigues condensación de agua
dentro de una mecánica con tolerancias de nanómetros, aceite del cojinete espesado y un
choque térmico gratis. Aquí no ayuda.
El golpe seco. «Dale un toque para que se despegue.» Lo que hay es un cabezal que ya
no está donde debe; añadirle un impacto no lo recoloca, lo estrella contra el plato.
Ponerlo del revés o en vertical. Puede cambiar cómo suena durante unos segundos. No
cambia nada del fondo, y esos segundos son más rayado.
Abrirlo en casa para mirar. El aire de una habitación normal está lleno de partículas
mucho mayores que la altura de vuelo del cabezal. Abrirlo sobre la mesa del salón cierra
la puerta a la recuperación seria.
5. Un clic no es el único ruido: aprende a distinguirlos
No todos los sonidos significan lo mismo, y el diagnóstico previo cambia por completo:
- Clic rítmico y repetitivo, cada uno o dos segundos, con el disco girando. Cabezal
reintentando. Daño mecánico. Apaga.
- Zumbido grave y el disco no llega a girar, a veces con un chasquido al arrancar.
Suele ser el motor agarrotado o el eje bloqueado tras una caída.
- Pitido agudo al conectarlo. Clásico del eje que no consigue arrancar.
- Silencio total, ni vibración ni calor. Muchas veces es la electrónica externa o la
alimentación, y curiosamente es de los mejores escenarios: los platos están intactos.
- Gira con normalidad y suena bien, pero el sistema no lo detecta o pide formatear.
Aquí es donde el daño puede ser lógico y donde de verdad hay opciones cómodas. No
aceptes el formateo.
En los SSD y las memorias USB no hay nada de esto, porque no hay piezas en movimiento. Un
SSD no hace clic: si tu unidad suena, es mecánica.
6. Qué exige de verdad un trabajo así
Para que sepas qué estás comprando cuando alguien te da un precio por un disco que hace
clic. Un caso mecánico no se resuelve con un programa: exige, como mínimo,
- abrir la unidad en un entorno limpio y controlado, porque una sola partícula de
polvo entre cabezal y plato arruina el trabajo;
- sustituir el bloque de cabezales por el de un disco donante compatible —no basta con
el mismo modelo: importan la revisión, el firmware y a menudo hasta el lote;
- herramientas específicas para retirar y montar los cabezales sin que rocen la
superficie;
- y después clonar sector a sector con hardware que tolere errores, leyendo por pasadas
y dejando para el final las zonas problemáticas.
Fíjate en el orden: primero se hace una imagen completa, y todo el trabajo posterior se
hace sobre esa imagen, nunca sobre el disco. El original suele dar una sola oportunidad
buena y no se gasta navegando carpetas.
7. La conversación adulta: cuándo sale a cuenta
Un trabajo mecánico es caro porque lleva horas, material y un disco donante. Así que la
pregunta correcta no es «cuánto cuesta recuperar un disco duro», sino cuánto vale lo que
hay dentro.
Sale a cuenta cuando es la única copia: las fotos de quince años, la contabilidad, el
proyecto de un cliente, la tesis. No sale a cuenta cuando es un disco de copias cuyo
original sigue vivo, o cuando lo que hay dentro es una biblioteca de películas que puedes
volver a descargar. Y hay una tercera respuesta que también es válida: los datos importan,
pero no tanto. Decirlo en voz alta está perfectamente bien.
Lo que hacemos nosotros es lo primero de todo: valorar el disco, decirte qué le vemos, qué
esperamos recuperar y qué coste tiene antes de que autorices nada. Si no lo vemos
viable, te lo decimos y te devolvemos el disco. Tienes el enfoque completo en
recuperación de datos en Barcelona, el
recorrido paso a paso en cómo funciona el proceso y, si prefieres
contarlo antes de moverte, en contacto.
Un apunte, porque el disco duro externo no es el único caso: si lo que falla es el
almacenamiento interno de un Mac reciente, el problema es distinto y bastante menos
intuitivo. Lo explicamos en
por qué en un Mac con SSD soldado no se puede sacar el disco.
8. Y para la próxima: la regla 3-2-1 sin sermón
No vamos a decirte que deberías haber hecho copias. Te vamos a decir la versión mínima
que funciona para una persona normal:
- 3 copias de lo que te importaría perder (la original cuenta como una).
- 2 soportes distintos: el ordenador y un disco externo, por ejemplo.
- 1 de ellas fuera de casa. Vale un servicio en la nube, y vale un disco en casa de tu
hermana que actualizas cada pocos meses.
En la práctica, para la mayoría eso es Time Machine a un disco externo más iCloud o el
servicio en la nube que ya uses. Diez minutos de configuración una vez. Lo único
importante es comprobar de vez en cuando que la copia se está haciendo de verdad: la
copia de seguridad que nadie ha mirado en dos años es la que falla el día que hace falta.
Y si ya es tarde: apágalo, no lo enchufes más y tráelo. Con un disco mecánico, lo que no
se ha estropeado todavía sigue siendo recuperable.