Si estás leyendo esto con el portátil goteando delante, salta al primer apartado y vuelve
luego. Lo demás puede esperar cinco minutos. El equipo no.
Un aviso sobre el alcance: aquí hablamos de portátiles. Si lo que se te ha mojado es
un teléfono, el manual es otro y lo tienes en
se me ha mojado el móvil: qué hacer en la primera hora.
En un MacBook cambia casi todo: el teclado es un embudo abierto hacia la placa, la
batería ocupa toda la parte de abajo y sigue dando tensión aunque el equipo esté
apagado, y el desmontaje es otro mundo.
1. Los primeros sesenta segundos
En este orden, sin pensarlo:
- Aparta el equipo del charco y desenchufa el cargador.
- Mantén pulsado el botón de encendido diez segundos, hasta que se apague del todo.
No uses el menú Apple: tarda demasiado y cada segundo cuenta.
- Quita todo lo conectado: cables, pendrives, adaptadores, tarjetas.
- Seca el exterior con un paño que no suelte pelusa. Sin frotar los puertos.
- Ponlo boca abajo en forma de tienda de campaña: tapa abierta en ángulo, teclado
hacia el suelo, sobre una toalla. Que el líquido salga por donde entró.
- No lo cierres. Cerrarlo aplasta el líquido del teclado contra la pantalla y lo
reparte por sitios que estaban secos.
- Llévalo a revisar el mismo día si puedes.
Y lo más importante de toda la lista, que va aparte porque es lo que más se incumple:
No lo vuelvas a encender “para probar”. Ni al rato, ni mañana. Cada arranque sobre
una placa húmeda es una tirada de dados.
2. Por qué en un portátil es peor que en un móvil
Un iPhone moderno está sellado con adhesivos y juntas por todo el perímetro. Un MacBook
no tiene nada de eso: ninguna certificación de resistencia a líquidos, en ningún
modelo. El teclado es una superficie plana y perforada justo encima de la electrónica.
Eso significa tres cosas:
- El líquido llega a la placa base en segundos, no en minutos.
- Cae sobre una batería de gran superficie que está siempre alimentando la placa,
aunque hayas apagado el equipo. Por eso el primer movimiento de un técnico es
desconectarla.
- El teclado suele ser lo primero en morir, y en los modelos donde va remachado al
chasis es una de las piezas más laboriosas de sustituir.
3. Lo que no hay que hacer
- Arroz. No funciona. No alcanza el interior y no retira los residuos, que es el
daño real. Sólo hace pasar el tiempo.
- Secador, radiador o sol. El calor empuja la humedad hacia dentro, castiga la
batería, ablanda adhesivos y acelera la corrosión en vez de frenarla.
- Cargarlo. Ni por probar. Es meterle corriente a un circuito con puentes de agua.
- Sacudirlo con fuerza. Repartes líquido por zonas limpias.
- Aspiradora o aire comprimido a presión. Empujan el líquido más adentro.
4. El daño real no es el agua: es la corrosión
Esto es lo que casi nadie explica, y es la clave de todo.
El agua pura casi no conduce. Lo que hay en un café, en una cerveza o en el agua del
grifo son sales y minerales que, al secarse, quedan como una película sobre la placa.
Esa película es conductora y corrosiva: crea caminos entre puntos que no deberían
tocarse y, con la tensión de la batería alimentando la placa, empieza una corrosión
electroquímica que va comiendo pistas, patillas y almohadillas de los chips.
Fíjate en la parte importante: ese proceso necesita tensión para avanzar deprisa, y
en un portátil apagado la batería sigue dándola. Por eso el reloj no se para cuando lo
apagas. Se para cuando alguien lo abre y desconecta la batería.
De ahí salen dos cosas que despistan mucho:
- Un MacBook mojado puede seguir funcionando días o semanas y morir después.
- Un MacBook que no enciende tras un derrame puede recuperarse entero si se limpia
pronto.
La variable que más manda no es cuánto líquido cayó. Es cuántas horas pasan hasta que
se abre y se limpia.
5. No todos los líquidos son iguales
- Agua del grifo: el caso menos malo, si se actúa rápido.
- Café, té, refrescos, cerveza, vino: peores. Los azúcares dejan una capa pegajosa
que atrapa suciedad y retiene humedad indefinidamente, así que la corrosión sigue
meses después. El café con leche y azúcar es de lo peor que entra por la puerta.
- Agua de mar, jabonosa o de fregar: la sal corroe muy deprisa y los tensioactivos
se cuelan por sitios por donde el agua sola no pasaría.
6. Qué hace un taller que sepa lo que hace
No es “secarlo y probar”. Es esto:
- Desmontar y desconectar la batería cuanto antes. Sin tensión, la corrosión casi
se detiene.
- Retirar la placa y limpiarla por ultrasonidos. Es lo único que saca de verdad los
residuos de debajo de los chips, donde no llega ningún paño ni ningún cepillo.
- Inspeccionar bajo microscopio: pistas comidas, pads levantados, componentes con
sarro verde, conectores atacados.
- Reparar lo dañado reconstruyendo pistas y sustituyendo componentes, que es
microsoldadura y no un cambio de
piezas.
- Probar el equipo montado y dar diagnóstico y presupuesto antes de reparar.
Todo esto lo hacemos en Barcelona centro, y en
reparación de MacBook e iMac está el detalle de
lo que se revisa. El precio se mueve por cosas concretas: qué líquido era, cuánto tiempo
ha pasado, si hay que sustituir teclado o batería además de limpiar, y si la corrosión
ha llegado a un chip caro o sólo a unas pistas. Por eso no verás una cifra cerrada aquí;
la conversación de precios está en nuestra página de precios y el número
real te lo damos con el equipo abierto delante.
7. Si lo que te importa son tus datos
Dilo nada más entrar. En serio: es la primera frase.
En los Mac con chip Apple el SSD va soldado a la placa base, así que no existe la
opción de sacar el disco y ponerlo en otro equipo. Recuperar la información obliga a
reparar la placa lo justo para poder leer esa memoria, y eso es una operación distinta
—y con otro orden de prioridades— que dejar el portátil funcionando. Cada intento de
encenderlo por tu cuenta reduce esas opciones. Lo tienes explicado en
recuperación de datos, donde trabajamos en
sala limpia.
8. La señal de alarma que casi todos ignoran
El MacBook se mojó, lo secaste, arrancó, y llevas tres semanas usándolo tan tranquilo.
Y de repente una tecla deja de responder. O el trackpad hace cosas raras. O un puerto
USB-C deja de cargar. O se apaga solo.
Eso no es mala suerte: es la corrosión que ya se ha comido algo. Y llegado ese punto el
trabajo es mayor, porque hay más zonas afectadas que si se hubiera limpiado el primer
día. Se sigue pudiendo reparar en muchos casos, pero la factura es otra.
Resumiendo lo único que hay que recordar: apágalo, no lo enciendas, y que lo abran
pronto. El resto lo decide el reloj.